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La tranquilidad de seguir a Dios

  • Foto del escritor: IB La Molina
    IB La Molina
  • hace 3 horas
  • 4 min de lectura

“Bueno y recto es Jehová; por tanto, él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes por el juicio, Y enseñará a los mansos su carrera. Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad, para los que guardan su pacto y sus testimonios. ¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el camino que ha de escoger. Gozará él de bienestar, y su descendencia heredará la tierra.” Salmos 25:8-10, 12-13


Cuando leo los Salmos me aferro a las promesas eternas de Dios. Creo que el salmista comprendió que la única forma de tener verdadera paz era aferrarse no solo a un Dios bueno y misericordioso, sino también a un Dios recto y justo. Digo esto porque el carácter de Dios es descrito de esta manera.

Otra característica que menciona este Salmo es la preferencia de Dios por los humildes: “Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera”. La guía divina está reservada para quienes tienen un corazón enseñable. El orgullo es un obstáculo para aprender de Dios. Quien cree saberlo todo, quien es arrogante o no está dispuesto a escuchar, difícilmente podrá recibir instrucción. Por eso, uno de los primeros requisitos para crecer espiritualmente es la humildad. Dios enseña a los mansos, a quienes reconocen su necesidad de dirección y están dispuestos a obedecer. Recuerdo como si fuera ayer que, estando en mi tercer año de seminario, consideraba que ya conocía bien la Biblia. Incluso me disponía a discutir con mi papá para demostrar que tenía la razón. En una de esas ocasiones, cuando tercamente insistía en mi punto de vista, él me dijo: “Te falta tanto madurar”. Esa frase quedó grabada en mi corazón. Con el tiempo comprendí que no se pueden aprender los caminos de Dios sin humildad.

También vemos en este Salmo que Dios no impone su voluntad a la fuerza. A lo largo de mi caminar con Él he aprendido que sus caminos nunca son arbitrarios; siempre están marcados por la misericordia y la verdad. Muchas veces no he comprendido de inmediato lo que Dios estaba haciendo en mi vida o por qué permitía ciertas circunstancias, pero con el paso de los años he podido mirar atrás y reconocer que cada una de sus decisiones estuvo guiada por su amor y su fidelidad. Dios nunca se equivoca. Él ve el final desde el principio y conduce a sus hijos por sendas seguras, aunque en el momento no logremos entenderlas.

Esta verdad se vuelve una realidad para quienes guardan su pacto, para aquellos que procuran vivir en comunión con Él y obedecer su Palabra. Cuanto más cerca caminamos del Señor, más claramente aprendemos a reconocer su voz y a descansar en su dirección.

Luego encontramos una de las promesas más hermosas de este pasaje: “¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el camino que ha de escoger”. Esta promesa siempre ha traído tranquilidad a mi corazón, porque a lo largo de la vida todos enfrentamos momentos en los que debemos tomar decisiones importantes. Como mujer, esposa, madre y ahora abuela, he tenido que escoger caminos que afectaron no solo mi vida, sino también la de quienes amo. En cada etapa he comprobado que cuando buscamos sinceramente la voluntad de Dios, Él es fiel para guiarnos.

El temor de Dios abre la puerta a la dirección divina. No se trata de un temor que produce miedo, sino de una profunda reverencia y dependencia de Él. Dios no solo nos deja principios generales para vivir; también nos acompaña en las decisiones concretas de cada día. Él orienta nuestros pasos, corrige nuestro rumbo cuando es necesario y nos concede sabiduría para discernir el camino correcto.

Finalmente, encontramos una promesa que toca profundamente el corazón de quienes anhelamos vivir cerca del Señor: “Gozará él de bienestar, y su descendencia heredará la tierra”. No habla únicamente de prosperidad material, sino de una paz profunda que nace de saber que estamos en las manos de Dios. La persona que teme al Señor y sigue su dirección vive con una seguridad que el mundo no puede ofrecer. Su corazón aprende a descansar aun en medio de las pruebas, porque sabe que Dios sigue teniendo el control.

Qué diferente es la vida de quien camina sin Dios. La incertidumbre, la ansiedad y la confusión suelen dominar sus pensamientos porque carece de un fundamento seguro para sostenerse. Pero quienes hemos aprendido a confiar en el Señor encontramos refugio en su presencia y descanso para nuestra alma.

Nada describe mejor la tranquilidad del creyente que saber que ha encontrado la verdad y camina bajo la dirección de su Señor. Después de tantos años de caminar con Cristo, puedo decir que nunca me ha faltado su guía. Él ha sido fiel en cada etapa de mi vida. Quien confía en Él encuentra dirección para el presente, paz para el corazón y una hermosa esperanza para las generaciones que vienen detrás. Esa es la herencia más valiosa que podemos dejar a nuestros hijos y nietos: enseñarles a conocer, amar y seguir al Dios que nunca deja de ser bueno, recto y fiel.

Con amor

Martha Vílchez de Bardales


 
 
 

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