top of page
  • TikTok
  • White Facebook Icon
  • White Twitter Icon
  • White Instagram Icon
  • White YouTube Icon

La corona que nadie quiere llevar

  • Foto del escritor: IB La Molina
    IB La Molina
  • 3 abr
  • 2 min de lectura

“Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!” Juan 19:5

Cuando era niña, durante la Semana Santa, mi familia y yo solíamos ver las películas que narraban la vida y muerte de Jesús. Recuerdo con especial intensidad la imagen de Jesús usando la corona de espinas impuesta por los soldados romanos: era tan impactante que mis padres intentaban suavizar con sus explicaciones.

Aun así, en mi corazón de niña surgía una pregunta que no lograba comprender del todo: ¿por qué alguien que no había hecho nada malo tenía que sufrir de esa manera? Esa imagen narrada en los Evangelios atravesó mi corazón: Jesús con una corona, pero no de oro, sino de espinas.

Para esos soldados romanos ponerle esa corona al Señor tenía objetivos claros, querían humillar al condenado, buscaban negar cualquier legitimidad de ser REY, y por supuesto que querían colocarlo como un espectáculo público de burla.

Esta corona no solo era una burla, era también tortura. Hecha de ramas con largas espinas, fue presionada sobre su cabeza, causando dolor intenso y sangrado. Cada espina no solo hería su piel, sino que representaba el desprecio de una humanidad que rechazaba a su propio Salvador.

Pilato lo presentó diciendo: “¡He aquí el hombre!”. Un hombre golpeado, humillado, aparentemente derrotado. Sin embargo, en esa imagen hay una verdad profunda: ese es el verdadero Rey.

No uno coronado con oro, sino con sufrimiento. No uno exaltado por multitudes, sino rechazado por todos.

Hoy, muchos de nosotros queremos seguir a Cristo, pero preferimos las coronas de gloria sin pasar por las espinas. Buscamos bendiciones, respuestas rápidas y caminos fáciles. Pero la vida cristiana también implica negarse a uno mismo, soportar pruebas y mantenerse firme aun en medio del rechazo.

La corona de espinas nos confronta. Nos recuerda que el camino de Jesús fue uno de entrega total.

Él no evitó la humillación ni el sufrimiento, porque tenía un propósito mayor: redimirnos. No llevó solo una corona de burla; cargó sobre sí el peso de nuestra condición. Tomó lo que nos pertenecía: dolor, culpa, rechazo, para ofrecernos lo que no merecíamos.

El apóstol Pedro, quien en un momento huyó cuando su Señor fue coronado de humillación, pero que luego experimentó el perdón y la restauración, escribió con convicción:

“Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.”

Hoy anhelamos coronas de bendición, pero olvidamos que Cristo primero llevó una corona de espinas por nosotros. Él asumió el dolor, la humillación y el rechazo que eran nuestros, para darnos una promesa eterna: una corona incorruptible de gloria.

Entonces, la pregunta ya no es por qué Él sufrió, sino si nosotros estamos dispuestos a seguirle, aun cuando el camino incluya espinas. Porque llegará el día en que aparezca el Príncipe de los pastores, y toda herida será transformada en gloria, y cada espina habrá valido la pena.


Feliz viernes Santo con Cristo:


Martha Vílchez de Bardales


 
 
 

Comentarios


IB La Molina

Av. 7, 580 La Molina

Av. La Molina 2810 CC. Rinconada

Email: secretariaiblamolina@gmail.com

Celular: +51 998 392 869

Otros servicios

Ponemos a su disposición nuestra moderna infraestructura para las siguientes actividades:

  1. Alquiler de oficinas temporales y permanentes.

  2. Sala de directorio para reuniones y juntas.

  3. Salones multiusos.

  4. Ambientes para eventos corporativos.

Póngase en contacto con nosotros a fin de proveer más información.

Recibir información mensual

¡Gracias por suscribirte!

bottom of page