Sobre las Alas de Dios
- IB La Molina

- 21 jul
- 3 min de lectura
Actualizado: 22 jul
“Como un águila que despierta su nidada, que revolotea sobre sus polluelos, extendió sus alas y los tomó, los llevó sobre su plumaje.” Deuteronomio 32:11

Durante una semana completa guardé reposo y no pude escribir. Un tiempo de descanso postoperatorio me obligó a detener el ritmo acostumbrado del ministerio, la escritura y las actividades diarias. Sin embargo, mientras mi cuerpo reposaba, mi corazón fue testigo de una realidad que muchas veces enseñamos, pero que en medio de la prueba llegamos a experimentar de una manera mucho más profunda: Dios cuida de sus hijos y responde a las oraciones de quienes claman a Él con fe. Durante estos días recibí innumerables mensajes, llamadas y oraciones. Cada una de ellas fue una expresión del amor de Dios. Pude sentir que no estaba sola; el Señor me sostuvo a través de su pueblo y me recordó una vez más que sus promesas nunca dejan de cumplirse. Mientras meditaba en este tiempo, vino a mi mente este hermoso pasaje: "Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas." Moisés fue el autor de este verso y utilizó la figura del águila para describir el cuidado de Dios hacia Israel. Me imaginé la escena: El águila pone el nido en las alturas y coloca cada huevo con todas las medidas de protección necesarias, pero, una vez que nacen los polluelos, no deja para siempre a sus crías en la comodidad del nido. Llega el momento en que remueve aquello que les brinda seguridad para impulsarlas a aprender a volar. Podría parecer un acto de dureza, pero en realidad es una extraordinaria expresión de amor. Sigue imaginando conmigo la escena: Mientras los pequeños intentan sostenerse en el aire, la madre águila no los abandona. Permanece muy cerca, vigilando cada movimiento. Si alguno pierde las fuerzas y comienza a caer, ella extiende sus poderosas alas, lo sostiene y lo lleva nuevamente a un lugar seguro. Repite este proceso una y otra vez hasta que sus crías desarrollan la fuerza necesaria para volar por sí mismas. ¡Qué hermosa imagen del trato de Dios con nosotros! Esta semana he sido como el polluelo que fue lanzado por los aires para que aprendiera a depender más de Dios.
Muchas veces atravesamos circunstancias que parecen sacarnos del "nido" de nuestra comodidad: una enfermedad, una cirugía, una pérdida o una prueba inesperada. En esos momentos podemos sentir que estamos cayendo; sin embargo, la realidad es otra. Nuestro Padre celestial nunca nos pierde de vista. Él permanece cerca, listo para sostenernos cuando nuestras fuerzas ya no alcanzan. Por eso también cobran vida las palabras de Moisés: "El Dios eterno es tu refugio, y acá abajo los brazos eternos." Deuteronomio 33:27.
Durante mi recuperación experimenté precisamente eso: los brazos eternos de Dios sosteniéndome. Él respondió las oraciones de muchos hermanos que intercedieron por mí. Me dio paz, fortaleza y una recuperación mejor de lo que esperaba. Cada día fue una nueva evidencia de su fidelidad. Hoy puedo decir, con profunda gratitud, que caer en las manos de Dios nunca es motivo de temor.
Si Él permite que salgamos del nido, también promete estar debajo de nosotros con sus brazos eternos.
Ninguna prueba escapa a su control, ningún dolor le es indiferente y ninguna oración hecha con fe queda sin respuesta. Mi oración es que, si hoy estás atravesando un tiempo difícil, recuerda que el mismo Dios que sostuvo a Israel en el desierto sigue sosteniendo a sus hijos. Quizá sientas que está cayendo, pero no caerás al vacío. Debajo tuyo están los brazos eternos de un Padre que jamás abandona a los que confían en Él.
"Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él." 2 Crónicas 16:9.
Toda la gloria sea para nuestro Dios, cuya fidelidad permanece para siempre.
Muchas, muchas gracias por haberme cubierto en oración
Martha Vílchez de Bardales




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