Mujeres pueden hacer padres sabios
- IB La Molina

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"La mujer ejemplar es corona de su esposo; la desvergonzada es carcoma en los huesos." Proverbios 12:4

Ayer celebramos el Día del Padre, y mientras recordaba con gratitud todo lo que mi padre me enseñó, pensé también en una verdad que muchas veces pasa desapercibida: él pudo cumplir fielmente su papel porque Dios le dio a mi madre como la ayuda idónea que necesitaba.
Ella no compitió con él ni menospreció su liderazgo; lo fortaleció para que pudiera ejercer la responsabilidad que Dios le había encomendado. La Biblia enseña que el padre no solo debe proveer para su hogar, sino también guiar espiritualmente a su familia. Sin embargo, Dios nunca pensó que llevaría esa tarea solo. Desde el principio creó a la mujer como su complemento perfecto.
Cuando una esposa teme al Señor, su vida se convierte en una bendición para toda la familia. Su amabilidad, prudencia, diligencia y sabiduría fortalecen el corazón de su esposo. Por eso la Escritura la llama una corona: alguien que honra, embellece y da valor.
En contraste, la mujer que vive dominada por el orgullo, la queja constante, la crítica o el egoísmo termina debilitando el ambiente de su hogar. El proverbio la compara con una carcoma, porque desgasta lentamente las fuerzas y el ánimo de quienes la rodean.
Este principio también se aplica al papel del padre. Muchas veces oramos para que nuestros esposos sean más espirituales, más comprometidos con Dios y más presentes en la familia. Pero, sin darnos cuenta, podemos convertirnos en un obstáculo para ese mismo propósito.
Sucede cuando dejamos de animarlos y comenzamos a señalar continuamente sus errores. Frases como: “Siempre te olvidas de todo”, “No sirves para tomar decisiones” o “Nunca serás el hombre que necesito” pueden herir profundamente y desanimar su crecimiento espiritual.
La mujer sabia actúa de otra manera. Corrige con respeto, anima con sus palabras y ora para que Dios complete la obra que está haciendo en la vida de su esposo. Entiende que la transformación verdadera no proviene de los reproches constantes, sino de la gracia de Dios.
Un padre que sirve primero a Dios será el mejor esposo y el mejor padre para su hogar. Los hijos necesitan ver a un hombre que ama a Cristo por encima de todas las cosas, porque ese ejemplo marcará sus vidas para siempre. La mujer sabia no apaga ese fuego; lo alimenta. Ora por su esposo, lo anima cuando se siente cansado, lo sostiene cuando enfrenta luchas y le recuerda el privilegio de servir al Señor. En lugar de ser una gotera continua que desgasta su ánimo, procura ser la corona que adorna su cabeza y fortalece su corazón.
Reconozco que mi esposo es el padre que mis hijas necesitan en cada etapa de la vida porque yo también aprendí que mi papel era y sigue siendo darle el lugar de honor que Dios le dio desde el principio.
El Hacedor de todas las cosas conocía perfectamente la necesidad del hombre y le dio una compañera adecuada. Esa fue la obra de Dios. Nuestra parte consiste en obedecer su Palabra y convertirnos en mujeres virtuosas que impulsan a sus esposos a ser los hombres y los padres que Dios diseñó.
Nuestros hijos necesitan ver a un padre que ama al Señor por encima de todas las cosas. Y una esposa sabia contribuye a ese propósito. Ella ora por su esposo, lo anima cuando está cansado y le recuerda el privilegio de servir a Dios. En lugar de ser una gotera continua que desgasta, procura ser la corona que fortalece.
Hoy el Señor nos invita a examinarnos: ¿Estoy ayudando a mi esposo a crecer como padre y sacerdote de nuestro hogar? ¿Lo fortalezco con mis palabras y mi actitud? ¿O estoy debilitando su llamado? Cada día enfrentamos la misma decisión: ¿Carcoma o corona? Que el Señor nos conceda la gracia de ser mujeres cuya presencia fortalezca a sus esposos, bendiga a sus hijos y glorifique a Cristo.
Con amor:
Martha Vílchez de Bardales




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