Un llamado a la reconciliación
- IB La Molina

- 10 jun
- 3 min de lectura
"Porque Cristo es nuestra paz: de los dos pueblos ha hecho uno solo, derribando mediante su sacrificio el muro de enemistad que nos separaba. Esto lo hizo para crear en sí mismo de los dos pueblos una nueva humanidad al hacer la paz, para reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo mediante la cruz, por la que dio muerte a la enemistad.” Efesios 2:14,16

En estos días, mientras el Perú atraviesa un proceso electoral decisivo, hay una imagen que se repite constantemente en los medios de comunicación: el mapa de nuestro país dividido en dos colores. Estamos acostumbrados a ver el mapa del Perú lleno de colores que representan la riqueza y diversidad de nuestros departamentos, pero hoy aparece teñido únicamente por los colores de dos partidos políticos que compiten por la presidencia. Sin embargo, lo que más me preocupa no es la división geográfica que refleja una votación democrática. Lo que duele profundamente es ver cómo la división ha llegado a los corazones. El odio, el resentimiento, la ira y el deseo de venganza se han multiplicado. Familias enteras han sido afectadas por discusiones, distanciamientos y enfrentamientos. Lo que comenzó como una diferencia de opinión política ha sido utilizado sutilmente por el maligno para sembrar enemistad entre hermanos, amigos y seres queridos.
Como madre intercesora, siento que Dios nos está llamando a levantar nuestra voz con un mensaje urgente: el mensaje de la reconciliación.
El apóstol Pablo nos presenta en Efesios 2:13-19 el plan maestro de Dios para Su Iglesia. Allí nos recuerda que Cristo derribó toda pared intermedia de separación. Judíos y gentiles, dos pueblos históricamente enfrentados, fueron hechos uno por medio de la cruz. Pero observemos el orden divino: primero fueron reconciliados con Dios y luego entre ellos.
Podemos imaginarlo como un triángulo. En la parte superior está Dios, y en cada extremo inferior están los dos grupos separados. A medida que cada uno se acerca a Dios, también se acerca al otro. Finalmente, ambos se encuentran unidos en Cristo. Esa es la obra de la reconciliación. La cruz no solamente restaura nuestra relación con Dios; también destruye las enemistades y nos une como un solo cuerpo.
Hoy el Perú necesita más que resultados electorales. Necesita reconciliación. Nuestras familias necesitan reconciliación. Nuestras iglesias necesitan reconciliación. Nuestra nación necesita reconciliación.
Por eso, como mujeres de oración, no podemos permanecer indiferentes. Así como la jueza Débora se levantó en un tiempo de crisis para convocar al pueblo y buscar la intervención de Dios, también nosotras entendemos que este es el tiempo para levantarnos. No es tiempo de callar. No es tiempo de tomar partido en el odio. Es tiempo de clamar.
Madres, tenemos la responsabilidad espiritual de interceder por nuestros hogares, por nuestros hijos, por nuestras iglesias y por nuestra nación. No cesemos de orar hasta ver la paz de Cristo gobernando los corazones. No permitamos que las diferencias políticas destruyan los vínculos familiares que Dios ha establecido.
Les hago una invitación especial para que nos presentemos delante del Señor como un solo cuerpo, como un ejército de madres intercesoras que cree que Dios todavía puede sanar nuestra tierra. Este sábado a las 3:30 p.m. nos reuniremos para clamar juntas por la reconciliación de las familias y por el futuro del Perú.
Lugar: Sociedad Bíblica Peruana.
Av. Petit Thouars 991.
Vengan con fe, con esperanza y con la convicción de que cuando el pueblo de Dios se une en oración, el Señor escucha desde los cielos y responde.
¡Las esperamos!
Martha Vílchez de Bardales




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