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Amigos que nos acercan a Cristo

  • Foto del escritor: IB La Molina
    IB La Molina
  • 12 feb
  • 4 Min. de lectura

Feliz Día de la Amistad

“Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto.”Eclesiastés 4:9-12

Hace poco regresamos de un viaje a Bogotá, donde tuvimos la dicha de compartir con buenos amigos. Sin embargo, en lo personal sentí un dolor al enterarme, recién estando allá, de que nuestro amigo pastor había estado muy delicado de salud. Gracias a Dios ya estaba recuperado, pero igual me quedó un pesar en el corazón: debimos haber llamado antes, interesarnos, preguntar si todo estaba bien… y no enterarnos tan tarde. Y es que uno se pregunta: si los amigos no se cuidan entre sí, ¿quién nos cubre con compasión?

Precisamente por eso la amistad es tan importante. Hay un dicho que dice: “Una persona sin compañeros es como la mano izquierda sin la derecha.” Y eso es la amistad: el vínculo estrecho que se forma entre dos personas o entre un grupo.

La amistad se sostiene en la confianza, el afecto, la lealtad, la simpatía y el respeto mutuo. Es una relación recíproca que nos fortalece, nos acompaña y nos ayuda a caminar mejor. Si buscamos literatura que hable sobre la amistad, veremos que desde épocas antiguas filósofos como Aristóteles dedicaron capítulos completos al tema, y Cicerón lo convirtió en el centro de uno de sus ensayos más conocidos. Sin embargo, aunque estas mentes reflexionaron mucho sobre la amistad, con frecuencia la fundamentaron en la utilidad: "amistades basadas en lo conveniente o en lo provechoso."

En resumen esta es la clase de amistad que el mundo prefiere: Tener un amigo útil, aquel que está cuando lo necesito: quien ayuda, resuelve, se compromete… pero que también espera lo mismo en retorno. Y el amigo conveniente es aquel que tiene los medios para resolver nuestros problemas. Muchas personas desean rodearse de este tipo de amigos. Pero tristemente, cuando solo cultivamos amistades así, terminamos usando a los demás. Y eso no es lo que enseña la Palabra de Dios.

La Biblia nos enseña la verdadera escencia de la amistad:

Esto es lo que brinda una amistad verdadera:

  • Si caes en un tiempo de pobreza o necesidad, tus amigos espirituales buscarán ayudarte según sus posibilidades y tu necesidad.

  • Si caes en errores o pecados, porque eso puede suceder incluso a la persona más sabia, tus amigos que aman a Dios se esforzarán por ayudarte a reconocer el error, y te cubrirán con amor para que puedas ser restaurado.

  • Si atraviesas aflicción y te sientes rendido, sin fuerzas para enfrentar la vida, tus hermanos y compañeros en la fe orarán por ti, para que el Espíritu Santo consuele tu alma, limpie pensamientos de derrota y te ayude a ponerte de pie.

  • Si la enfermedad toca tu cuerpo y tu ánimo, tus amigos intercederán para que toda tristeza retroceda, y la alegría vuelva a darte esperanza.

Entonces, como lo expresa el sabio, la amistad verdadera produce y no resta.

“En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.”Proverbios 17:17

La amistad, como la describe Proverbios, es una relación fraternal: amar por encima de las circunstancias, la dificultad o la carencia. La amistad genuina se demuestra especialmente en los peores momentos, cuando más se necesita presencia, apoyo y oración. Es fácil decir “soy tu amigo” cuando todo va bien: cuando hay salud, cuando hay alegría, cuando hay abundancia. Pero la verdadera fuerza de la amistad se revela cuando llega la enfermedad, cuando las finanzas fallan, cuando se pierde a un ser querido, o cuando alguien se equivoca y le cuesta reconocerlo.

En la iglesia donde nací y crecí cantábamos un himno que decía: “Oh, qué amigo nos es Cristo, Él llevó nuestro dolor, y nos manda que llevemos todo a Dios en oración…”Y una parte preguntaba: “¿Te desprecian tus amigos? Dilo a Él en oración; en sus brazos de amor tierno, paz tendrá tu corazón.”

Ese himno resume una verdad preciosa: la bendición de la amistad de Dios. Sí, es una bendición tener amigos que enriquezcan nuestra vida. Tener un amigo fiel, como dice Proverbios, que “ama en todo momento”, que se mantiene firme en cada circunstancia y tormenta.

De hecho, algunos podemos decir con gratitud, por experiencia propia, que verdaderamente “hay amigos más unidos que un hermano.” Esa es la esencia de la amistad cristiana: más allá de los intereses comunes, más allá del afecto, más allá del ingenio y la risa… está el propósito más alto: sembrar en los demás palabras de vida, dejar recordatorios de la sabiduría de Dios, refrescar el espíritu con palabras de amor y fortalecer el vínculo con Cristo.

Nuestra tarea como hijos de Dios es brindar cariño, comprensión y amistad verdadera, sin indiferencia hacia nadie. Un amigo genuino nos da libertad para ser quienes somos. Nos permite hablar sin miedo, expresar dudas, confesar cargas y compartir lo que nos inquieta… sin ser juzgados.

Los cristianos tenemos un amor especial que viene de Dios. Por eso podemos ser amigos que hacen sentir a otros parte de una familia. Un amigo que ama a Dios te acepta como eres, pero también te ayuda a ser lo que puedes llegar a ser. Te sostiene cuando estás débil, te anima cuando estás cansado, te recuerda tu valor cuando te sientes pequeño. Y sobre todo, te acerca a Cristo.

Hoy, en el Día de la Amistad, quiero dar gracias a Dios por cada uno de ustedes: por su compañía, su amor, su paciencia, sus oraciones y su lealtad. Que el Señor siga fortaleciendo nuestros lazos, y que nuestra amistad no sea solo de palabras, sino de presencia, de fe, de apoyo real y de amor sincero.

Porque verdaderamente… mejores son dos que uno.

Con amor y amistad

Martha Vílchez de Bardales


 
 
 

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