top of page
  • TikTok
  • White Facebook Icon
  • White Twitter Icon
  • White Instagram Icon
  • White YouTube Icon

Cuando tu fe parece insuficiente

  • Foto del escritor: IB La Molina
    IB La Molina
  • 5 mar
  • 4 Min. de lectura

“Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate y plántate en el mar; y os obedecería". Lucas 17:5–6

Cuando mi segunda hija era pequeña, recuerdo algo que ocurría con mucha frecuencia. Siempre que le dábamos algo: un juguete, un helado o tiempo para jugar en el parque,  parecía no ser suficiente. Siempre quería un poco más: más helado, más tiempo en los juegos, más papas fritas, más minutos para ver otra caricatura. Su respuesta casi automática era: “¡más!”

Al leer el pasaje de hoy, ese recuerdo vino a mi mente. Pero también tuve que reconocer que, en cierto sentido, yo también me parezco a ella. Al observar lo que ocurre actualmente en el mundo, muchas veces me encuentro diciéndole al Señor: “Dame más fe”. "Dame fe para orar y pedir que no haya guerras." "Dame más fe para no decepcionarme cuando veo debilidad espiritual en otros." "Aumenta mi fe para mirar con esperanza a mi iglesia y seguir confiando en lo que Tú estás haciendo"."Necesito mas fe para orar por los enfermos." Curiosamente, algo parecido ocurrió con los discípulos. Ellos también le pidieron al Señor: “Auméntanos la fe.” Pero esta petición no surgió de la nada. Fue la respuesta a algo muy específico que Jesús acababa de enseñar. 

Antes de que los apóstoles hicieran esta petición, Jesús había hablado acerca de dos asuntos muy serios: no hacer tropezar a otros y perdonar repetidamente al que peca contra nosotros. Jesús dijo que, si un hermano peca y luego se arrepiente, debe ser perdonado; incluso si peca siete veces en un mismo día y vuelve arrepentido, el discípulo debe volver a perdonarlo. Para los discípulos, esto era un estándar extremadamente alto. Ellos entendieron inmediatamente que vivir de esa manera no sería fácil. No hacer tropezar a otros, vivir con rectitud y perdonar constantemente no son comportamientos automáticos en el corazón humano. Especialmente el perdón puede resultar difícil, porque nuestras emociones y heridas están involucradas. Por eso reaccionaron con una petición sincera:

“Señor, aumenta nuestra fe.”

La petición de los discípulos revela algo muy valioso: una humilde admisión de su propia debilidad. El verbo griego que se traduce como “aumenta” significa añadir, desarrollar o hacer crecer. Los discípulos no estaban diciendo que no tenían fe; más bien reconocían que la fe que poseían les parecía insuficiente para cumplir lo que Jesús estaba pidiendo. Las exigencias del discipulado les parecían tan altas que entendieron que necesitarían ayuda divina para poder obedecer.

Las demandas del discipulado son grandes. De hecho, son imposibles si confiamos únicamente en nuestra fuerza natural, nuestra determinación personal o nuestra naturaleza humana. Por eso los discípulos clamaron al Señor pidiendo más fe. Sin embargo, la respuesta de Jesús fue inesperada. En lugar de prometerles más fe, les dijo:

“Si tuvierais fe como un grano de mostaza…”

El grano de mostaza era conocido por ser una de las semillas más pequeñas. Con esta imagen, Jesús estaba enseñando que el problema no es la cantidad de fe, sino su realidad. Una fe pequeña, pero verdadera, puede lograr cosas que parecen imposibles. El punto no es que los discípulos necesiten una fe gigantesca, sino que la fe verdadera, aunque sea pequeña, es poderosa cuando está puesta en Dios.

Más que fe: obediencia y humildad.

El resto de la enseñanza de Jesús (Lucas 17:7–10) muestra que el problema real no era simplemente la cantidad de fe, sino la actitud del corazón. Jesús explicó que el discípulo debe verse a sí mismo como un siervo que simplemente cumple lo que su Señor le manda. Después de obedecer, no debe sentirse orgulloso, sino decir: “Siervos inútiles somos; pues lo que debíamos hacer, hicimos.”

La vida cristiana no se sostiene en el orgullo espiritual ni en la autosuficiencia, sino en una obediencia humilde y constante dependencia de Dios. Debemos tener una Fe que produce perdón. Podría parecer que, ante el desafío de perdonar repetidamente, los discípulos deberían haber pedido: “Señor, aumenta nuestro amor”. Sin embargo, pidieron más fe. Esto es significativo porque el perdón verdadero nace de la fe en la Palabra de Dios. Cuando confiamos en lo que Dios dice, recibimos la fuerza para obedecer incluso cuando nuestras emociones nos dicen lo contrario.

Al final, Jesús nos enseña que la fe no se mide por su tamaño, sino por su vitalidad. Lo que realmente necesitamos no es una fe gigantesca, sino una fe viva, activa y puesta en el Señor. Una fe que confía en Cristo, en su Palabra y en el poder del Espíritu Santo que obra en nosotros. Incluso una fe tan pequeña como un grano de mostaza puede sostener una vida de obediencia, humildad y perdón. 

Y quizás esa sea también nuestra oración hoy: “Señor, no permitas que mi fe sea solo un concepto. Haz que sea una fe viva, que confíe en Ti y que me permita obedecerte, aun cuando hacerlo parezca humanamente imposible.”

Con amor

Martha Vílchez de Bardales


 
 
 

Comentarios


IB La Molina

Av. 7, 580 La Molina

Av. La Molina 2810 CC. Rinconada

Email: secretariaiblamolina@gmail.com

Celular: +51 998 392 869

Otros servicios

Ponemos a su disposición nuestra moderna infraestructura para las siguientes actividades:

  1. Alquiler de oficinas temporales y permanentes.

  2. Sala de directorio para reuniones y juntas.

  3. Salones multiusos.

  4. Ambientes para eventos corporativos.

Póngase en contacto con nosotros a fin de proveer más información.

Recibir información mensual

¡Gracias por suscribirte!

bottom of page