"Si quieres disfrutar del amor..."
- IB La Molina

- 24 ago
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“Bebe el agua de tu propio pozo, el agua que fluye de tu propio manantial. ¿Habrán de derramarse tus fuentes por las calles y tus corrientes de aguas por las plazas públicas? Son tuyas, solamente tuyas, y no para que las compartas con extraños. ¡Bendita sea tu fuente! ¡Sé feliz con la esposa de tu juventud!”
Proverbios 5:15-18

En Enero del próximo año cumpliremos 40 años de casados. Conocí a Miguel en el seminario hace 47 años y, desde que nos enamoramos, entendimos que la fidelidad no era algo negociable ni simplemente un ideal romántico: era parte del diseño de Dios para el matrimonio. Por eso, a lo largo de estos años, al aconsejar a parejas, hemos procurado enseñar que la fidelidad comienza mucho antes del acto físico. Jesús llevó este principio al corazón cuando enseñó que quien mira a otra persona con intención de desearla ya ha cometido adulterio en su corazón, Mateo 5:27-28.
¿Qué quiso decir el autor de estos versos con “bebe el agua de tu propio pozo”? Para nosotros, un pozo puede ser solamente una imagen poética. Pero para las personas de la época de Salomón, el agua era un recurso vital, precioso y limitado. Un pozo o una fuente representaba provisión, vida, seguridad y pertenencia. Tener una fuente propia significaba tener algo que debía ser cuidado y protegido. Por eso, cuando Salomón habla de “tu propio pozo”, “tu propia cisterna” y “tu propio manantial”, está utilizando una imagen muy poderosa para hablar de la exclusividad y la intimidad dentro del matrimonio. La pregunta: “¿Habrán de derramarse tus fuentes por las calles?” contiene una advertencia: lo que Dios diseñó para disfrutarse dentro del pacto matrimonial no debe llevarse fuera de él.
En el contexto de Proverbios 5, Salomón está advirtiendo principalmente contra la inmoralidad sexual y contra el engaño de pensar que una relación prohibida puede traer verdadera satisfacción. El capítulo comienza alertando sobre la mujer ajena y termina mostrando que Dios observa los caminos del ser humano, Proverbios 5:20-23. Por eso, el mensaje no es simplemente: “No tengas una aventura”.
Es mucho más profundo:
Cuida tu fuente.
Protege tu corazón.
Sé fiel a la persona con quien hiciste pacto.
Aprende a disfrutar y valorar lo que Dios te ha dado.
Qué terrible es cuando alguien intenta justificar su gusto por mirar constantemente a otras mujeres en las redes sociales, buscar conversaciones especiales, establecer vínculos emocionales o cultivar una cercanía indebida, diciendo: “Pero nunca llegué al acto sexual; por lo tanto, no es pecado grave”. El principio bíblico nos lleva mucho más profundo. La infidelidad comienza en el corazón antes de manifestarse en las acciones. Y este principio no es solamente para los hombres. También es para las mujeres. Ambos esposos están llamados a cuidar su propio manantial. Cuidarlo significa cultivar el amor, la ternura, la comunicación, la admiración, la fidelidad y la intimidad dentro del matrimonio. Significa no permitir que la rutina, la indiferencia, los conflictos o la insatisfacción nos hagan comenzar a buscar fuera aquello que debemos aprender a cultivar dentro. La insatisfacción puede abrir una puerta a la tentación. Pero buscar otra fuente nunca resolverá la sed del corazón. Dios diseñó el matrimonio para que el amor, la intimidad y la fidelidad tengan un lugar seguro: el pacto entre un esposo y una esposa. Pablo lo expresa de una manera hermosa: “El marido debe cumplir con su deber para con su esposa, y de igual manera la esposa para con su marido.” 1 Corintios 7:3. Aquí encontramos un principio de reciprocidad, cuidado y entrega mutua. La intimidad matrimonial no debe utilizarse como arma, castigo o medio de manipulación. Tampoco debe vivirse desde la indiferencia. Es necesario aprender a escuchar, comprender y atender con amor las necesidades del otro, siempre dentro del respeto, la ternura, el consentimiento y el cuidado mutuo.
Les comparto con mucho respeto tres recordatorios para los casados:
1. Hay una sola unión: El matrimonio es exclusivo. “Bebe el agua de tu propio pozo.” Proverbios 5:15. No derrames fuera del matrimonio aquello que Dios diseñó para disfrutarse dentro del pacto. Protege tus ojos, tus pensamientos, tus conversaciones, tus emociones y tus decisiones.
2. Hay una sola alegría: El matrimonio no fue diseñado solamente para ser soportado, sino también para ser disfrutado. “¡Bendita sea tu fuente! ¡Sé feliz con la esposa de tu juventud!” Proverbios 5:18. El llamado no es solamente a permanecer juntos, sino a seguir enamorándose. A mirarse con gratitud. A cuidarse. A conversar. A reír juntos. A cultivar la ternura. A disfrutar la intimidad. A recordar por qué un día se eligieron. Los años no deberían apagar el amor; deberían darle raíces más profundas.
3. Hay un solo Juez. “Pues los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová, y él considera todas sus veredas.” Proverbios 5:21. Dios ve nuestros caminos. Conoce nuestras decisiones, nuestros pensamientos, nuestras conversaciones y la manera en que tratamos a nuestro cónyuge. Por eso, la fidelidad no depende solamente de que nadie nos descubra. Somos fieles porque vivimos delante de Dios. Primero, elige a quien amas; después, ama cada día a quien elegiste. No busques otra fuente. Cuida, honra y disfruta la fuente que Dios puso en tus manos. Que después de muchos años podamos seguir diciendo: “Bendita sea nuestra fuente”. Que nuestro hogar sea un manantial de amor, fidelidad, ternura, compañerismo, intimidad y alegría, para la gloria de Dios. Porque la verdadera fidelidad no consiste solamente en no abandonar el matrimonio; consiste en seguir cuidando, cada día, el pacto que Dios nos confió.
Dedicado con mucho amor a las parejas que desean avivar su amor matrimonial.
Martha Vílchez de Bardales




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