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Un día

  • Foto del escritor: IB La Molina
    IB La Molina
  • 16 feb
  • 3 Min. de lectura

“Al contrario, anímense unos a otros cada día, mientras dura ese hoy de que habla la Escritura, para que ninguno de ustedes sea engañado por el pecado y su corazón se vuelva rebelde.” Hebreos 3:13

A veces, mientras preparo el desayuno o simplemente ordeno mi dormitorio, una melodía viene a mi mente. Casi siempre es una canción de mi niñez. Lo que más me sorprende es que empiezo tarareando esas notas y, de pronto, aparecen completas las letras de la estrofa y del coro. No es que tenga buena memoria; más bien creo que es el Espíritu Santo quien, al ver mi alma cargada, me trae la canción entera, porque esa letra va a edificarme y restaurar mi corazón.

Hoy vino a mi boca la letra de un himno muy antiguo titulado “Un Día” (conocido también como “One Day” o “Living, He Loved Me”). Esta es una de las composiciones cristianas más recordadas por su manera sencilla y profunda de resumir el Evangelio: la vida, muerte, resurrección, ascensión y regreso de Jesucristo.

Como no recordaba todas las estrofas ni quién era el autor, lo busqué y supe que la letra fue escrita por J. Wilbur Chapman (1859–1918), un importante evangelista y ministro presbiteriano estadounidense. Chapman fue una de las voces más influyentes del movimiento evangelístico protestante a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.  Su predicación se caracterizaba por un llamado directo al arrepentimiento, a la fe en Cristo y a la urgencia de compartir el mensaje.

¿Qué sentimientos movieron al autor para escribir frases como: 

“Un día que el mal imperaba más cruel.”

“Un día lleváronle al monte Calvario.”

“Un día enclaváronle sobre una cruz, sufriendo dolores y pena de muerte.”

“Vivo, me amaba; muerto, salvóme; y en el sepulcro mi mal enterró;

resucitado, él es mi justicia; un día él viene, pues lo prometió.”

Investigué y me enteré que Chapman vivió en una época marcada por profundas tensiones: el crecimiento industrial, la pobreza urbana, la injusticia social, el pecado normalizado en la cultura y, hacia el final de su vida, el impacto de la Primera Guerra Mundial. En esos años se veía la maldad como algo activo, extendido y profundo. Muchos veían el mundo avanzando “por fuera”, pero moralmente quebrado “por dentro”. En ese contexto, Chapman proclamaba con fuerza que el Evangelio no era un adorno religioso, sino la única esperanza real para el ser humano. Por eso el predicador describió el pecado del mundo y declaró a Cristo como la respuesta.

Creo que deben haber pasado más de cuarenta años que canté ese himno, y hoy que recordé la primera estrofa y el coro, me tocaron profundamente porque reflejan una realidad tan oscura como esos años: “Un día que el mal imperaba más cruel.” Y el mundo de hoy sigue siendo egoísta, endurecido y muchas veces indiferente a Dios, incluso dentro del pueblo cristiano se ha debilitado el ardor por predicar el Evangelio. La indiferencia, el temor o la comodidad han hecho que muchos callen, como si el mensaje ya no fuera urgente.

Por eso, el Espíritu Santo me trajo de vuelta este himno porque la promesa del coro se vuelve tan poderosa que renueva mi fe: ¡Cristo vendrá otra vez!. Esta certeza de que la historia no termina en la maldad, ni en la apatía, ni en la frialdad es la esperanza de gloria de nosotros como cristianos: Cristo reinará y restaurará lo que el pecado destruyó.

Y esa promesa debe producir a todos los discípulos de Cristo una decisión interna: no cansarse. No rendirse. No callar. Y seguir predicando a Jesucristo con fidelidad. Porque si Cristo vino una vez, y cumplió todo lo que prometió, entonces también volverá. Y mientras ese día llega, la misión sigue en pie: anunciar al Salvador, aunque el mundo no quiera escuchar, aunque muchos se enfríen, aunque parezca que la oscuridad avanza, aunque los tibios predominen, si un remanente predica el evangelio, serán los elegidos para que la iglesia resista al enemigo con constancia, pureza y pasión por las almas, sabiendo que cada día cuenta, y que cada mensaje predicado prepara a la Novia para el regreso del Esposo.

Con amor:


Martha Vílchez de Bardales


Un día

"Un día en la tumba ocultarle no pudo,

Un día el ángel la piedra quitó.

Habiendo Jesús a la muerte vencido

a estar con su padre en gloria ascendió."

“Vivo, me amaba; muerto, salvóme; y en el sepulcro mi mal enterró;

resucitado, él es mi justicia; un día él viene, pues lo prometió.”

"Un día Él mismo vendrá desde el cielo;

un día en su gloria el Señor brillará.

¡Oh día admirable, en que unido,

su pueblo a Cristo le alzara!"

 
 
 

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