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Aviva el fuego en mi alma

  • Foto del escritor: IB La Molina
    IB La Molina
  • 24 ago 2021
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 25 ago 2021

“Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día. Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude. Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad, denunciémosle. Todos mis amigos miraban si claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza. Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada.” Jeremías 20:7-11

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Para Jeremías no fue fácil dar los mensajes fuertes de parte de Dios, lo habían torturado, insultado y puesto en un cepo sólo por dar un mensaje que primero había quebrantado su corazón. Se ganó la persecución de los líderes religiosos y el rechazo del pueblo; Jeremías ya no podía más con la pena y por eso escribió estas palabras: “Oí la murmuración de muchos, el temor por todas partes” parecía que estaba listo para renunciar, pero cuando trató de acabar con todo, darle la espalda a su vocación, despedirse de su oficio de profeta, sintió que la Palabra de Dios era como fuego ardiente encerrado en sus huesos.

Este texto me toca fuertemente el corazón, Jeremías estaba comprometido completamente con el mensaje de Dios, Él no hablaba como si fuera simplemente alguien que repetía monótonamente un verso, Él primero había experimentado la Palabra en su propia alma, como si partiera de su propio corazón el mensaje de Dios.

Tenemos que preguntarnos siempre, los que hacemos la función de compartir las enseñanzas bíblicas, si estamos ligados a cada verdad que predicamos con todo el corazón. O sólo cumplimos con la tarea como si fuera un trabajo que nos sirve para mantenernos. ¿Está tu corazón completo en el servicio que haces en el Nombre de Dios? No sólo me dirijo con esta pregunta a los ministros, le hablo a los maestros de la escuela dominical, a los levitas de la iglesia, a los diáconos y ujieres, a los miembros del trabajo administrativo, a todos los creyentes que recibieron el encargo de servir a Dios.

A veces me pregunto (lo confieso) si los amigos a quien les escribo con diligencia cada día estos devocionales los leen. Leer a Jeremías me ayuda a poner más amor en cada escrito, porque si Dios quiere que un mensaje divino llegue a una persona, primero debe estar hecho con todas las oraciones y el amor puesto en cada palabra.

Jeremías sintió que no encontró fruto de sus labores, más por el contrario, vio que todos sus esfuerzos y empeños tenían un efecto opuesto; porque exasperaron a todos los judíos, encendieron su ira y los llevaron a un mayor libertinaje en el pecado. Por eso dijo que se propuso renunciar al oficio que le había sido asignado, pero que por un impulso secreto se vio obligado a perseverar y que, por lo tanto, no estaba en libertad de desistir del curso que había comenzado.

Jeremías lloró en voz alta, porque vio que la gente era terca y también vio que las cosas estaban tan mal que no podían ser restauradas a un estado correcto, por eso ya no hablaba con paciencia, sino que lloraba y gritaba dando su sermón de advertencia. Sin embargo el ladrón se volvió más ladrón, el asesino más asesino y el idólatra mucho más idólatra.

Tenemos mucho que aprender del profeta, porque cuando vemos que no hay resultados de nuestro trabajo ministerial, nuestra propia mente o Satanás nos provoca a desistir del trabajo celestial, ¿Para qué continuar si no hay resultados?

“Doy gracias a Dios porque nos hace participar del triunfo de Cristo, y porque nos permite anunciar por todas partes su mensaje, para que así todos lo reconozcan. Anunciar la buena noticia es como ir dejando por todas partes el suave aroma de un perfume. Y nosotros somos ese suave aroma que Cristo ofrece a Dios. Somos como un perfume que da vida a los que creen en Cristo. Por el contrario, para los que no creen somos como un olor mortal. ¿Quién es capaz de cumplir con la tarea que Dios nos ha dejado?” 2 Corintios 2:15-16

El privilegio de compartir las verdades de Dios, anunciar las buenas nuevas del perdón es como dejar por todas partes el suave aroma de un perfume, y somos nosotros ese perfume que da vida eterna. Por lo tanto cuidémonos también de no apartarnos de Dios; dejando la misión encomendada, porque aunque sucedan muchas cosas que nos causen frustración, no deben impedir que sigamos con el rumbo trazado, ¡Venceremos por el poder del Espíritu!

Todos los cristianos estamos en peligro de volvernos creyentes religiosos, cristianos apagados, siervos perezosos, iglesia sin compromiso leal, y esto sucede cuando la suma de las decepciones entierran el ardor del que habla el profeta Jeremías. Eso fue lo que pasó con Jonás, quien estuvo más dispuesto a ver a Nínive consumido por el fuego de la ira de Dios en vez de una nación redimida. Por favor, lee tu Biblia, lee y pide que Dios encienda ese fuego de amor nuevamente en tu corazón.

Oremos: Padre nuestro danos más pasión para amar a quienes están lejos de ti, aunque ellos no quieran saber nada de ti Señor mío, aunque se burlen y nieguen tu existencia, ayúdame a perseverar, dame tu unción para no vacilar. Aviva el fuego de tu Espíritu en mi interior y que me ayude a no desmayar porque es un honor ser tu sierva. Amén.

Con amor

Martha Vílchez de Bardales

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