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El corazón que Dios quiere sanar

  • Foto del escritor: IB La Molina
    IB La Molina
  • hace 1 hora
  • 5 min de lectura

 "Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno" Salmo 139:23-24.

Hace poco participé en un retiro espiritual de mujeres al que asistieron más de cien damas, todas con el deseo de recibir consejo, restauración y renovación espiritual. Había mujeres de todas las edades y, al escucharlas, pude identificarme con muchas de ellas. En cada etapa de mi propia vida también he necesitado que Dios sane mi corazón. Después del retiro continué atendiendo citas de consejería. Allí escuché historias de mujeres decepcionadas y con sueños rotos; otras, agotadas por el peso del trabajo y las responsabilidades; y también aquellas que, después de tantas heridas, han endurecido su corazón convencidas de que ya no existen respuestas para sus frustraciones. Esas conversaciones despertaron en mí una profunda inquietud y me llevaron a comenzar una serie de reflexiones sobre el corazón. Estoy convencida de que uno de los descuidos más peligrosos en la vida cristiana no es el cuerpo, sino el corazón espiritual.

Con frecuencia prestamos atención a nuestra salud física. Revisamos la presión arterial, el azúcar, el colesterol y otros indicadores para saber cómo estamos. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a hacernos una pregunta mucho más importante: ¿Cómo está mi corazón delante de Dios? También me he preguntado: ¿Quién cuida el corazón de la mujer que cuida a todos? Muchas mujeres dedican su vida a entregar amor, tiempo, servicio, consejos y cuidado a su familia, a la iglesia y a quienes las rodean. Pero pocas veces hacen una pausa para preguntarse: ¿Cómo está mi propio corazón?

La buena noticia es que la Biblia nos enseña que Dios es el único que puede sanar verdaderamente el corazón de una mujer. Pero Él comienza esa obra cuando ella se atreve a mirarse con sinceridad en el espejo de Su Palabra, reconoce la verdadera condición de su corazón y permite que el Señor lo transforme desde lo más profundo de su ser. Movida por esta convicción, decidí estudiar cuidadosamente lo que la Biblia enseña acerca de los diferentes estados del corazón de una mujer. Al recorrer las Escrituras descubriremos que Dios no solo revela la condición del corazón, sino que también ofrece esperanza, restauración y una transformación que ninguna otra persona puede producir.

Pero vuelvo nuevamente a la pregunta: Si Dios nos ha dado la responsabilidad de cuidar el corazón de nuestra familia, ¿quién cuida el nuestro? La respuesta es: Dios quiere cuidar nuestro corazón, pero primero debemos permitirle examinarlo. Es más fácil ver las fallas del esposo, de los hijos o de otras mujeres que detenernos a preguntar: ¿Cómo está mi corazón delante de Dios?

El corazón que Dios puede usar: Por favor te invito a leer estos versículos que he elegido:

  1. Éxodo 35:25-26. Las mujeres que participaron en la construcción del tabernáculo no fueron útiles solo por sus habilidades. La Biblia dice que eran mujeres de corazón sabio y que su corazón fue impulsado por Dios. Sus manos hicieron la obra porque primero Dios había trabajado en su corazón. Antes de servir, dirigir un hogar o ministrar a otros, Dios quiere transformar nuestro corazón.

  2. Hechos 16:14. Lidia era una mujer trabajadora y piadosa, pero aun así necesitó que el Señor abriera su corazón para recibir plenamente la verdad. Nunca llegamos al punto de decir: "Ya conozco suficiente". Un corazón sano siempre permanece abierto a la voz de Dios.

Los corazones que debemos examinar: La Biblia describe distintas condiciones del corazón que pueden aparecer también en la vida de una mujer creyente: Por favor lee los textos en tu Biblia:

a. El corazón amargado: Deuteronomio 29:18. Cuando el corazón se aparta de Dios comienza a brotar una raíz de amargura. Las heridas no tratadas, el cansancio, la decepción y las injusticias pueden producir un corazón resentido. La amargura nunca permanece encerrada; termina contaminando a toda la familia.

b. El corazón astuto: Proverbios 7:10. La mujer descrita aquí utiliza su inteligencia para engañar. La astucia no siempre se manifiesta en grandes pecados; también aparece cuando manipulamos, controlamos o usamos las palabras para conseguir lo que queremos en lugar de confiar en Dios.

c. El corazón que atrapa: Eclesiastés 7:26. La mujer de este pasaje tiene un corazón que se convierte en lazos y redes. Cuando el corazón no está sometido a Dios, puede llegar a controlar, manipular emocionalmente o atrapar a otros con culpa, exigencias o egoísmo.

d. El corazón angustiado: Jeremías 48:4. La angustia también afecta el corazón. 

Muchas mujeres viven cargando preocupaciones por los hijos, el matrimonio, la economía o la salud. Cuando dejamos de descansar en Dios, la ansiedad ocupa el lugar de la confianza.

e. El corazón quebrantado: Nehemías 2:2. El rey notó el rostro triste del profeta y dijo: "Esto no es sino quebranto de corazón." El corazón siempre termina manifestándose. Lo que llevamos por dentro se refleja en nuestras palabras, nuestras reacciones y hasta en nuestro semblante. No todo quebranto es pecado, pero un corazón herido que nunca es sanado puede llevarnos al desánimo, la autocompasión o la constante sensación de que todos están contra nosotras.

Como mujeres solemos cuidar el corazón de nuestros hijos, aconsejar a nuestras amigas, orar por nuestro esposo y preocuparnos por la salud espiritual de nuestra familia. Pero hoy el Espíritu Santo nos hace una pregunta personal: ¿Cómo está tu corazón? Antes de intentar corregir el corazón de otros, permitamos que Dios examine el nuestro. Como dijo el salmista: "Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno" (Salmo 139:23-24). La buena noticia es que Dios no solo revela la condición del corazón; también lo sana. El salmista declara: "Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación" (Salmo 13:5). Y añade: "Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón" (Salmo 19:8). La Palabra de Dios ilumina, corrige, restaura y devuelve la alegría que el dolor había robado. Por eso, la pregunta no es únicamente: ¿Quién cuida el corazón de la mujer que cuida a todos? La pregunta más importante es: ¿Cómo está hoy mi corazón delante de Dios? Solo cuando examinamos nuestro corazón a la luz de la Palabra, confesamos nuestras heridas, soltamos la amargura, el temor y el afán, y permitimos que Cristo reine en nuestro interior, Él hace una obra profunda. El corazón angustiado puede volver a ser un corazón sabio. El corazón endurecido puede volver a ser sensible. El corazón cansado puede volver a alegrarse. La mujer que deja que Dios sane su corazón no solo seguirá cuidando a otros; ahora lo hará desde un corazón restaurado, lleno de la paz, la sabiduría y el gozo que solo el Señor puede dar.

Con amor

Martha Vílchez de Bardales


 
 
 

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