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¿Quién cuida tu corazón?

  • Foto del escritor: IB La Molina
    IB La Molina
  • hace 2 días
  • 3 min de lectura

"Con toda diligencia guarda tu corazón, Porque de él brotan los manantiales de la vida."

Proverbios 4:23


Hace aproximadamente un año me hice un chequeo médico de rutina. Me sentía perfectamente bien, sin dolores ni molestias, así que me sorprendió cuando el médico decidió incluir un examen completo del corazón. La evaluación fue más exigente de lo que imaginaba. Corrí varios minutos en una caminadora mientras registraban mis latidos, llevé un monitor Holter durante dos días y finalmente me realizaron una ecocardiografía. Mientras pasaba por todas esas pruebas pensaba: "¿Para qué tanto examen si mi corazón no me molesta?"  Cuando llegaron los resultados comprendí la sabiduría de mi médico. No sentir síntomas no era garantía de que todo estuviera bien. Mi corazón presentaba alteraciones que yo desconocía, y desde ese día tuve que comenzar un tratamiento diario para evitar arritmias y taquicardias. 

Aquella experiencia me hizo pensar en las palabras de Proverbios: "Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida." Muchas veces creemos que estamos bien espiritualmente porque seguimos sirviendo, trabajando, cuidando de nuestra familia o cumpliendo nuestras responsabilidades. Sin embargo, el corazón puede ocultar cansancio, amargura, heridas, temores o un lento enfriamiento espiritual que apenas notamos.

El corazón determina el rumbo de toda la vida. Allí nacen nuestras decisiones, nuestras palabras y nuestras acciones. Jesús enseñó que de la abundancia del corazón habla la boca. Por eso, antes de corregir nuestras conductas, Dios quiere transformar la fuente de donde brota todo lo demás.

En el antiguo Oriente era indispensable proteger los manantiales de agua. Si la fuente se contaminaba, todos los canales también lo hacían. Esa es la imagen que usa este proverbio: el corazón es la fuente. La boca, los ojos y los pasos son los canales. Si la fuente está sana, también lo estarán las palabras, la mirada y el camino que recorremos. 

Con frecuencia entregamos el corazón a muchas cosas: personas, sueños, preocupaciones, ministerios o responsabilidades. Sin darnos cuenta, terminamos cuidando a todos mientras descuidamos nuestro propio corazón. Y cuando esto sucede, el agotamiento emocional comienza a robarnos la alegría, la paz y aun el deseo de seguir sirviendo. 

Así como mi corazón físico necesitó tratamiento constante, también nuestro corazón espiritual necesita alimentarse cada día con la Palabra de Dios. Un corazón que deja de recibir la verdad de Dios poco a poco se endurece, pierde sensibilidad y deja de reflejar el carácter de Cristo. 

Por eso quiero invitarte a acompañarme durante las próximas semanas en una serie de devocionales donde reflexionaremos juntas sobre una pregunta que muchas mujeres nunca se hacen:

¿Quién cuida el corazón de la mujer que cuida a todos? 

Oro para que, mientras estudiamos la Palabra, el Señor examine nuestro interior, sane lo que está herido y nos enseñe a guardar el corazón, porque de él mana la vida.

Temas que trataré en los devocionales escritos en mi blog y por video, en Facebook live:

  1. ¿Quién cuida el corazón de la mujer que cuida a todos? 

  2. Cuando el corazón se cansa: el agotamiento emocional de la mujer que siempre da.

  3. La carga mental: cuando la mente nunca descansa y el corazón se agota.

  4. Aprender a descansar en Dios sin sentir culpa.

  5. Un corazón guardado, una vida que florece: hábitos para cuidar el corazón cada día.

Creo que esta serie puede tener un impacto muy especial porque responde a una realidad que vivimos muchas mujeres cristiana porque pasamos la vida cuidando a nuestros hijos, a nuestro esposo, a nuestros padres, a la iglesia y a tantas personas, pero hoy quiero dejarte una pregunta:

¿Quién está cuidando tu corazón?

Si Dios dice que debemos guardarlo más que cualquier otra cosa, ¿por qué suele ser lo último que atendemos? Durante las próximas semanas caminaremos juntas por la Palabra para descubrir cómo Dios sana, fortalece y protege el corazón de la mujer que cuida a todos. 

Con amor

Martha Vílchez de Bardales


 
 
 

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