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Madres de rodillas, hijos de pie

  • Foto del escritor: IB La Molina
    IB La Molina
  • 8 ene
  • 3 Min. de lectura

“El Señor mismo instruirá a todos tus hijos, y grande será su bienestar.” Isaías 54:13


Una de las imágenes más hermosas que guardo de mi niñez es la de mis padres de rodillas, orando. Esa escena sencilla, silenciosa y llena de fe quedó grabada en mi corazón como una herencia sagrada. Hace dieciocho años estuve en Brasil y, en una hermosa coincidencia de Dios, el mismo lugar donde mi esposo y yo teníamos una reunión con pastores albergaba también un congreso de madres que oran. Recuerdo con claridad que estábamos en el comedor cuando comenzaron a entrar decenas de mujeres. Vestían camisetas hermosas que llevaban una poderosa declaración: “Mães de joelhos, filhos de pé.” De inmediato pregunté qué significaba esa frase, y el pastor anfitrión, con profunda admiración, me respondió: “Eso quiere decir: Madres de rodillas, hijos de pie. Ellas son las poderosas Déboras de oración.”

Aquella explicación tocó algo muy profundo en mí. Ver a cientos de madres intercediendo por la vida física y espiritual de sus hijos, y clamando también por los hijos de su nación, siguiendo el ejemplo de la profeta Débora en Jueces 4 y 5, quien proclamó: 

“Yo, Débora, me levanté como madre en Israel”, hizo que mi corazón temblara de emoción.

En ese instante supe, sin duda alguna, que estaba recibiendo una revelación del cielo. Aunque ya llevaba años como esposa de pastor y sirviendo al frente de una iglesia, comprendí con claridad que Dios me llamaba a una responsabilidad mayor: orar de rodillas para que los hijos de mi nación se rindan a Cristo. Entendí que debía convocar a las madres de mi país, no solo para que proveyeran lo material a sus hijos, sino para que se levantaran como intercesoras, clamando para que ellos sean siervos fieles de Dios. Era tiempo de salir de la comodidad de mi servicio local y extender la invitación a otras líderes y hermanas, para que abrazaran la misión divina de ser madres espirituales, no solo de los suyos, sino también de aquellos hijos que no tienen una madre cristiana que ore por ellos.

Por favor permítanme explicarles el lema “Madres de rodillas, hijos de pie” esta frase encierra una verdad espiritual profunda que está firmemente respaldada por la Escritura. 

En la Biblia, la imagen de doblar las rodillas nunca se limita únicamente a una postura física, sino que expresa una actitud interior de rendición, adoración e intercesión delante de Dios.

Cuando una madre se coloca “de rodillas”, reconoce que la provisión, la formación y la protección espiritual de sus hijos no dependen solo de su esfuerzo humano, sino del gobierno soberano del Señor. 

En el Antiguo Testamento, el verbo hebreo barak, se traduce como arrodillarse, bendecir y adorar, significa inclinarse ante alguien reconociendo su autoridad y su grandeza. Esto se ve claramente en el Salmo 95 cuando se nos llama a adorar, postrarnos y arrodillarnos delante de Jehová, es decir que cuando nos arrodillamos estamos disponiendo el corazón delante de nuestro Padre.

Y en el Nuevo Testamento, doblar las rodillas, aparece en Efesios 3 cuando el apóstol Pablo dice que dobla sus rodillas ante el Padre, esta frase muestra una oración profunda, reverente y dependiente, más que una simple acción corporal. Teológicamente, estar de rodillas significa vivir en una constante entrega a Dios, reconociendo que Él es la fuente de toda sabiduría y fortaleza, y es desde esa postura espiritual que la intercesión cobra poder. Cuando una madre ora, no solo presenta peticiones, sino que se pone en la brecha, como describe el profeta Ezequiel, intercediendo por su casa y por la próxima generación.

¿Por qué oramos para que nuestros hijos se pongan de pie?

La Biblia utiliza la imagen de “estar de pie” como símbolo de firmeza, estabilidad y perseverancia en la fe, de modo que los hijos “de pie” representan vidas establecidas en la verdad, capaces de resistir el mal y de permanecer firmes aun en medio de tiempos difíciles. 

Este principio se ilustra claramente en la historia de Ana, quien derramó su alma delante del Señor en oración y adoración, y como resultado Dios levantó a Samuel como un hombre firme, sensible a la voz divina y fiel en una generación espiritualmente corrompida. Así, el lema expresa una realidad espiritual poderosa: cuando una madre vive de rodillas en adoración e intercesión, Dios se encarga de levantar a sus hijos para que estén de pie, firmes en identidad, propósito y fe. No se trata de una fórmula, sino de una dinámica espiritual establecida por Dios, en la que la rendición y la oración perseverante de una madre se convierten en el fundamento sobre el cual el Señor afirma a la siguiente generación para Su gloria.

Oremos queridas madres y padres por una generación que ame y obedezca a Dios.

Con amor

Martha Vílchez de Bardales

Coordinadora: Despierta Débora Perú


 
 
 

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