Probados, purificados y refinados
- IB La Molina

- 19 ene
- 3 Min. de lectura
“Mucha gente será puesta a prueba y saldrá purificada y perfeccionada. Pero los que han sido malvados seguirán igual y no entenderán nada de esto. En cambio, los hombres sabios entenderán todo muy bien.” Daniel 12:10

Este pasaje pertenece a la última sección del libro de Daniel, donde el profeta recibe una visión sobre los tiempos difíciles que vendrían para el pueblo de Dios y la esperanza futura que Él ha prometido. Daniel 12 habla de angustia, pero también de restauración. En ese contexto, el versículo 10 nos recuerda que las pruebas no llegan al azar: Dios las permite como un proceso de refinamiento. Mientras algunos endurecen su corazón, otros, los sabios, comprenden que en medio del sufrimiento Dios está obrando para purificar y perfeccionar la fe.
Pensando en el proceso de refinar recuerdo la que la Biblia usa muchas veces la imagen del fuego para describir cómo Dios refina a Su pueblo. Por ejemplo el salmista declara: “Tú nos probaste, oh Dios; nos refinaste como se refina la plata” (Salmo 66:10).
En otro lugar afirma: “Probaste mi corazón… me examinaste de noche” (Salmo 17:3).
David también comprendía perfectamente el valor de ser examinado por Dios. Por eso oró: “Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; examina mis pensamientos y mi corazón” (Salmo 26:2).
Esta disposición a ser refinado tiene mucho que ver con el motivo por el cual fue llamado “un hombre conforme al corazón de Dios” David sabía que la prueba no era para destruirlo, sino para acercarlo más al Señor.
También en el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo adviertió a Timoteo y a todos los creyentes, que las pruebas forman parte del camino cristiano: “De hecho, todos los que desean vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos. Pero los hombres malvados e impostores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” (2 Timoteo 3:12–13).
Cuando pasan por una prueba difícil algunos crecen en fe y madurez, pero otros se hunden más en la duda y confusión. La diferencia está en cómo respondemos a la prueba.
Pasar por pruebas de salud es especialmente difícil. El cuerpo duele, el cansancio no se va, la fiebre quita todo deseo de comer y solo provoca molestia. Sin embargo, aun en medio de ese dolor, Dios permite la prueba para purificar nuestras almas y acercarnos más a Él. Solo quienes no toman en cuenta la prueba como una oportunidad para buscar a Dios seguirán con dudas y sin entender nada.
La semana pasada varios miembros de mi familia, incluyendo mi pequeño nieto de dos años, pasamos por una prueba de salud. Fue un tiempo de debilidad, preocupación y oración. Mientras buscaba las palabras consoladoras de Dios en la Biblia, entendí algo más profundo: el refinamiento deja un producto más agradable al Señor. No porque el dolor sea bueno en sí mismo, sino porque Dios usa incluso el sufrimiento para moldear nuestro carácter, fortalecer nuestra fe y recordarnos cuánto dependemos de Él.
Hoy puedo decir que, aunque la prueba no fue fácil, salió de ella una fe más firme, un corazón más humilde y una gratitud más profunda. Cada día recibo mensajes de personas pidiendo oración por su salud o por algún familiar o amigo enfermo, quisiera decirles que sin dudar esa persona se sanará, pero sería mentir porque ignoro los planes de Dios para ellos, entonces estos versos me abren la mente y entiendo que mi papel no es prometer sanidad inmediata, sino acompañar en fe, interceder con amor y confiar en que Dios obra siempre para bien, aun cuando no entendemos el resultado. Estos versos me recuerdan que la verdadera esperanza no está solo en la curación del cuerpo, sino en la paz que Dios da al corazón, en la fortaleza para soportar la prueba y en la certeza de que Él no nos abandona en medio del dolor.
Así, cuando oro por otros, lo hago pidiendo sanidad, sí, pero también pidiendo consuelo, perseverancia y una fe que no se apague, sabiendo que en todo, Dios sigue siendo bueno y fiel.
Amados oremos siempre por los que atraviesan las pruebas y cuando nos toque atravesar el fuego, podamos recordar las palabras de Daniel: muchos serán purificados y perfeccionados.
Que seamos contados entre los sabios que entienden que Dios nunca desperdicia una prueba, sino que la usa para acercarnos más a Su amor y a Su propósito eterno.
Con amor
Martha Vílchez de Bardales









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