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Madres que siembran para la eternidad

  • Foto del escritor: IB La Molina
    IB La Molina
  • hace 4 días
  • 3 Min. de lectura

“Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón.”  Hebreos 11:24

Vivimos en un tiempo donde el concepto de maternidad ha sido redefinido de muchas maneras. El mundo ofrece modelos basados en la autosuficiencia, la comodidad o las emociones pasajeras, pero la Palabra de Dios nos muestra una verdad eterna: la maternidad guiada por Dios tiene el poder de formar generaciones firmes, con identidad y propósito.

La historia de Moisés es una prueba viva de ello. Aunque creció en el palacio de Egipto y fue llamado hijo de la hija de Faraón, en lo profundo de su corazón permanecía la semilla que su madre Jocabed había sembrado en él. Ella tuvo poco tiempo para criarlo, pero ese tiempo fue suficiente para transmitirle fe, identidad y temor de Dios. Años después, rodeado de riquezas, poder y privilegios, Moisés tomó una decisión que reveló el verdadero legado que habitaba en su interior: prefirió identificarse con el pueblo de Dios antes que permanecer como príncipe de Egipto.

Eso nos recuerda que una madre de fe deja marcas más profundas que cualquier influencia del mundo. Lo que una madre siembra en Dios jamás se pierde. Tal vez los hijos crezcan, se alejen o formen sus propios hogares, pero las oraciones, el ejemplo y las palabras sembradas con amor continúan obrando silenciosamente en sus corazones. Hoy más que nunca, Dios sigue buscando madres y abuelas que comprendan que su influencia no termina con el tiempo ni con la distancia, porque una maternidad rendida al Señor tiene alcance eterno.

Hoy el mundo presenta muchas versiones de maternidad, pero solo la maternidad guiada por Dios forma generaciones fuertes, seguras y con propósito eterno. Tú puedes ser esa madre. No por tus propias fuerzas, sino porque Dios está contigo.

Cuando una madre vive bajo el pacto de Dios, su fe deja huellas imborrables. Su voz, sus oraciones y su ejemplo continúan resonando en el corazón de sus hijos y aun en los hijos de sus hijos. Muchas madres, sin embargo, me dicen con tristeza: “Ya no puedo enseñar a mis hijos porque no viven conmigo”, o “Ellos ya tienen su propia familia”. Pero la maternidad espiritual no termina con la distancia ni con el paso del tiempo. La influencia de una madre que ha sembrado en Dios nunca se pierde.

Esto me hace recordar a Jocabed, la madre de Moisés. Aunque tuvo que entregarlo siendo apenas un bebé, decidió confiar en el propósito eterno de Dios. Durante el poco tiempo que lo tuvo en sus brazos, sembró en él identidad, fe y temor de Dios. Y años después, aún viviendo entre los privilegios del palacio egipcio, Moisés escogió identificarse con su pueblo y con el Dios verdadero. La Escritura dice:

¡Qué poderosa es la siembra de una madre de fe! La maternidad cambia con las estaciones de la vida: madura, se profundiza y se vuelve más espiritual. Por eso creo firmemente lo que Dios declara en Su Palabra:

“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” Proverbios 22:6

El legado de una madre no está limitado a su presencia física. Trasciende generaciones a través de sus oraciones, de su ejemplo, de las palabras sembradas con amor y aun de las lágrimas derramadas en secreto delante de Dios. También soy testigo de ello. Mi abuela fue una mujer sencilla, pero sabía doblar sus rodillas delante del Señor. Su fe perseverante dejó una herencia espiritual que hoy alcanza más de cinco generaciones sirviendo a Dios.

Queridas madres, queridas abuelitas: una madre que ora no tiene límites geográficos. Dios honra la fidelidad de una mujer que intercede con fe.


“La oración eficaz del justo puede mucho.”  Santiago 5:16

Mientras haya vida y aliento en nosotras, seguimos teniendo un llamado espiritual que cumplir. Nunca subestimes el poder de tus oraciones. Quizás hoy no veas todo el fruto con tus ojos, pero Dios sigue obrando en silencio en el corazón de tus hijos. “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”  Gálatas 6:9 . Recuerda siempre esto: tus palabras permanecerán en la memoria de tus hijos, y tus oraciones permanecerán delante del trono de Dios. 

Oración para hoy: Señor, aunque mis hijos ya no estén bajo mi techo, siguen estando bajo Tu cuidado eterno. Hazme una madre de visión eterna, que siembra hoy para frutos que quizá no veré con mis ojos, pero sí con mi fe. Dame la gracia de perseverar en oración, como Jocabed, creyendo que todo lo sembrado en sus corazones Tú lo harás florecer en el tiempo perfecto.  Fortalece mis manos cuando me canse, consuela mi corazón cuando tenga temor y recuérdame que ninguna oración hecha con amor cae en tierra vacía. Que mis hijos y generaciones futuras conozcan Tu nombre y caminen en Tus caminos. En el nombre de Jesús, amén.”

Con amor

Martha Vílchez de Bardales


 
 
 

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IB La Molina

Av. 7, 580 La Molina

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