Preguntas que toda madre debe hacer
- IB La Molina

- 1 may
- 3 Min. de lectura
“Job, ¿crees tener la razón cuando afirmas: Mi justicia es mayor que la de Dios. Igual cuando te atreves a preguntarle: ¿En qué me beneficio si no peco?. Pues bien, voy a responderles a ti y a tus amigos. Si pecas, ¿en qué afectas a Dios? Si multiplicas tus faltas, ¿en qué lo dañas? Si actúas con justicia, ¿qué puedes darle? ¿Qué puede recibir de parte tuya? Job 35:2-4,6-7

Cuando leo un texto bíblico me hago preguntas para buscar la enseñanza personal de Dios para mi, es una forma de reflexionar y descubrir qué quiere enseñarme Dios personalmente, también hacerme preguntas, es un método que suelo hacer con casi todo lo que hago porque me sirve para pensar antes de actuar. Hoy encontré este pasaje donde uno de los amigos de Job (el que no fue condenado por Dios por ser desatinado) le hace preguntas a Job que sirvieron como introducción para que él se autovalúe delante de Dios. Los amigos Elifaz, Bildad y Zofar al ver a Job deprimido y enfermo lo llenaron de acusaciones e intentaron provocar que se arrepintiera, pero solo lograron que Job tratara de defenderse, pero Elihú, uno de los amigos de Job, no lo acusó ni lo presionó como los otros, sino que le hizo preguntas que lo llevaron a reflexionar sobre su posición delante de Dios. Elihu no acusó a Job, le hizo preguntas para llevarlo a reflexionar y creo que como madres podemos seguir ese ejemplo con las personas con las que nos relacionamos, especialmente con los hijos. Muchas veces, preguntar es más sabio que acusar. Como madres (y también en cualquier relación), podemos caer fácilmente en el reproche: “tú nunca me ayudas”, “esa persona no me gusta para ti”, “estás perdiendo tu tiempo”.
Pero ese tipo de palabras suele cerrar el corazón. En cambio, una pregunta abre la puerta:
“¿Crees que podrías ayudarme hoy?”, “¿Cómo te sientes con esa relación?”. Las preguntas no imponen, invitan. No hieren, guían. No acusan, despiertan conciencia. Si queremos llegar al corazón de nuestros hijos, necesitamos más conversaciones y menos juicios. Cuando fui madre de tres adolescentes, este tipo de método cariñoso me ayudó mucho. Al hacer preguntas como: ¿Cómo te sentiste hoy?, ¿Qué fue lo que te molestó? o ¿Qué fue lo peor para ti?, logré abrir una puerta hacia sus emociones. Así pasé de recibir respuestas superficiales a conocer verdaderamente lo que había en sus corazones. Quiero compartir algunas preguntas que pueden ayudarnos a conectar mejor con nuestros hijos:
Sobre su relación con Dios: ¿Cómo te sientes en tu relación con Dios últimamente? ¿Hay algo que te gustaría cambiar o mejorar en tu vida espiritual? Para las madres: este espacio no busca cuestionar ni acusar la relación de su hijo/a con Dios, sino invitarlo/a a reflexionar libremente y fortalecer su vida espiritual desde el amor y el respeto.
Sobre sus amistades: ¿Sientes que tus amigos te ayudan a ser mejor? ¿Te tratan con respeto? Para las madres: no se trata de juzgar ni señalar a sus amistades, sino de ayudar a su hijo/a a discernir qué relaciones le hacen bien y cuáles podría revisar.
Sobre relaciones amorosas: ¿Esa persona te ayuda a crecer o te está alejando de lo que sabes que es correcto? ¿Te sientes en paz con esa relación? ¿Te sientes realmente respetado/a y valorado/a? ¿Estás aceptando a esa persona tal como es, o esperas cambiarla? Para las madres: este punto no busca acusar ni criticar a su enamorado/a, sino promover una reflexión sincera sobre el bienestar emocional y el respeto dentro de la relación.
Sobre el uso de su tiempo: ¿Crees que estás usando bien tu tiempo? ¿Qué cosas te están quitando tiempo y no te aportan mucho? ¿Lo que haces en tu tiempo libre te está acercando a lo que quieres ser o lograr? Para las madres: no es una crítica ni reclamo, sino una oportunidad para que su hijo/a tome conciencia y aprenda a organizar mejor su tiempo con apoyo y comprensión.
Sobre estudios y propósito: ¿Te sientes enfocado en tus metas? ¿Hay algo que te gustaría mejorar en tu manera de estudiar o aprender? Para las madres: no se busca presionar ni generar culpa, sino motivar a su hijo/a a crecer, descubrir su propósito y mejorar a su propio ritmo.
Al final, no se trata de controlar a nuestros hijos, sino de guiarlos a pensar, a evaluarse y a acercarse a Dios por convicción propia. Tal como hizo Elihú, una buena pregunta puede ser el inicio de un cambio profundo en el corazón.
Con amor
Martha Vílchez de Bardales




Comentarios