"Perdonar cuando el dolor sigue vivo"
- IB La Molina

- hace 3 días
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"Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron... Y José lloró mientras hablaban."Génesis 50:17

Continuamos reflexionando sobre una pregunta que ha acompañado mi corazón estas semanas: ¿Quién cuida el corazón de una mujer que cuida a todos? Hoy quiero detenerme en una de las heridas más profundas que puede guardar ese corazón: la dificultad de perdonar cuando el dolor aún permanece.
Después de muchos años sirviendo al Señor junto a mi esposo, he aprendido que el ministerio no solo trae alegrías. También llegan las decepciones, las críticas y las heridas provocadas, muchas veces, por personas a quienes amamos y servimos con sinceridad.
Recuerdo una experiencia que nunca he podido olvidar. Después de haber pasado por una situación muy dolorosa con una persona, pasaron varios años sin volver a verla. Un día coincidimos en una reunión y, para sorpresa nuestra, nos ubicaron uno al lado del otro. El ambiente era incómodo y el silencio parecía interminable. Yo no sabía cómo reaccionar. Entonces observé a mi esposo hacer algo que quedó grabado para siempre en mi corazón. Comenzó a conversar con total naturalidad, con respeto y cordialidad. No hubo reproches, ni frialdad, ni ironías. No era una simple cortesía; era el fruto de un corazón que ya había perdonado delante de Dios. Aquella escena me enseñó que el verdadero perdón no siempre elimina el recuerdo, pero sí libera el corazón del peso del resentimiento.
Al leer los últimos capítulos de Génesis encuentro esa misma libertad en José. Después de la muerte de Jacob, sus hermanos volvieron a sentir miedo. Pensaban que José finalmente buscaría vengarse por todo el mal que le habían hecho. Por eso le enviaron un mensaje rogándole que los perdonara. Entonces la Biblia añade un detalle que siempre conmueve mi corazón:
"Y José lloró mientras hablaban."
¿Por qué lloró José? No porque hubiera olvidado la traición. Lloró porque descubrió que, después de tantos años, sus hermanos todavía no habían creído que su perdón era verdadero. José respondió con una de las declaraciones más profundas de toda la Escritura: "¿Acaso estoy yo en lugar de Dios?" Génesis 50:19.
En otras palabras, estaba diciendo: "No me corresponde ocupar el lugar del Juez. La justicia pertenece al Señor." Y enseguida pronunció aquellas palabras que han fortalecido la fe de miles de creyentes a través de los siglos: "Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien." Génesis 50:20.
José no llamó bueno al pecado de sus hermanos. No negó la injusticia ni minimizó el sufrimiento que había experimentado. Simplemente entendió una verdad que transformó toda su perspectiva: la soberanía de Dios siempre es más grande que la maldad de los hombres.
Cuando comprendemos esa verdad, nuestro corazón comienza a descansar. Muchas veces seguimos atrapadas porque creemos que nuestra historia quedó definida por las heridas que otros nos causaron. Pero la vida de José nos recuerda que ninguna traición puede frustrar los propósitos de Dios. Él continúa escribiendo nuestra historia aun cuando otros intentan dañarnos.
Quizá hoy llevas heridas producidas por un esposo, un hijo, un familiar, un amigo o incluso alguien dentro de la iglesia. Tal vez has aprendido a seguir sirviendo mientras tu corazón todavía sangra en silencio.
José nos enseña que el perdón no depende de que el otro cambie. Depende de confiar en que Dios sigue teniendo el control de nuestra vida.
Perdonar no significa aprobar el pecado ni negar el dolor. Significa entregar el derecho a la venganza al único que puede juzgar con perfecta justicia. Las cicatrices pueden permanecer, pero las cadenas del resentimiento ya no tienen por qué gobernar nuestro corazón.
Mi oración es que el Señor nos conceda un corazón como el de José: un corazón que llora, pero no se endurece; que recuerda, pero no busca venganza; que confía tanto en la soberanía de Dios que puede extender la misma gracia que un día recibió.
Este es solo un resumen de una enseñanza mucho más amplia. En mi próximo Facebook Live desarrollaré con mayor profundidad las lecciones que encontramos en Génesis 50 y hablaremos de cómo Dios puede sanar el corazón de quienes desean perdonar, aun cuando el dolor sigue vivo.
¡Te espero! Será un tiempo para aprender juntas cómo la gracia de Dios puede transformar nuestras heridas en libertad.
Con amor
Martha Vílchez de Bardales




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